Muselina Negra. Verónica Romano. En la Casa de la Cultura.
Av. de Mayo 575, de 14 a 20 hs, hasta el 30 de Noviembre.
 

 
       
  A partir del día 28 de septiembre y hasta el 30 de noviembre en el Espacio Casa de la Cultura, se presentará una muestra curada por Adolfo Agopian que ofrece una mirada sutil y contemporánea sobre aquellas heroínas olvidadas que transformaban en seducción y glamour el espacio de representación de nuestro cine. Malas u ociosas, en los años ’50 las mujeres del cine argentino también podían lucir seguras, independientes y manipuladoras.

Laura Hidalgo y Ana María Lynch con sus intensas miradas, su presencia arrolladora y su tremendo magnetismo transformaron en brillo y seducción el espacio de representación de nuestro cine.

En la década del ’50 las heroínas de melodramas o policiales que interpretaron, cargan con una fuerza inédita en la pantalla nacional. Malas u ociosas, proponen un modelo de mujer que además de lucir segura, independiente y manipuladora es arrasadoramente bella.

Las contiene y constituye toda una iconografía de la perversión: los ambientes de fuerte barroquismo o con elementos góticos, la fotografía contrastada casi expresionista, y en el vestuario, escotes muy pronunciados y faldas vaporosas. Una actitud desafiante que se traduce en el gesto de colocar los brazos en jarro con sus manos hincadas sobre la cadera. Sus esbeltas figuras son reforzadas por una puesta en escena donde el color negro participa no sólo del nivel de la denotación, sino que se trasluce en las almas de los personajes.

Siendo su inauguración el 28 de septiembre a las 19 hs, esta muestra tendrá como punto más fuerte, un importante material fotográfico sobre las actrices Laura Hidalgo y Ana María Lynch, que encontraron en la lente de Annemarie Heinrich un espacio de pertenencia que las ha eternizado. El imaginario ficcional del cine argentino de las décadas de Oro se ve reforzado por ese legado fundamental que son las fotos de los actores y actrices que la artista alemana retrató.

Por otro lado, tendremos en este espacio la participación de artistas contemporáneos, Analía Salazar, Verónica Romano y Eleonora Molina; junto a un diseñador, Pablo Ramírez quienes nos invitaran con sus intervenciones a sumergirnos en la dimensión mítica que nos inspiran estas importantes mujeres del cine argentino.

El sábado 1 de octubre, como parte de la Noche de los Museos, habrá una programación especial que comenzará a las 20 hs. con la exhibición de una película y que continuará con la musicalización del espacio a cargo del DJ Fabián Dellemónica.

Los días domingos 9 y 16 de octubre se proyectará la película Más allá del olvido a las 16 hs.

Espacio casa de la Cultura/ Av. De Mayo 575- Subsuelo
Fotografías: Annemarie Heinrich (1er. subsuelo).
Artistas (Intervenciones): Verónica Romano, Analía Salazar, Eleonora Molina y Pablo Karina Pret, Ramírez (2do. subsuelo),
Curador: Adolfo Agopian.

   
         
  Una Política del deseo      
 

Laura Hidalgo y Ana María Lynch con sus intensas miradas, su presencia arrolladora y su tremendo magnetismo transformaron en brillo y seducción el espacio de representación de nuestro cine. En la década del ’50 las heroínas de melodramas o policiales que interpretaron, cargan con una fuerza inédita en la pantalla nacional. Malas u ociosas, proponen un modelo de mujer que además de lucir segura, independiente y manipuladora es arrasadoramente bella. Las contiene y constituye toda una iconografía de la perversión: los ambientes de fuerte barroquismo o con elementos góticos, la fotografía contrastada casi expresionista, y en el vestuario, escotes muy pronunciados y faldas vaporosas. Una actitud desafiante que se traduce en el gesto de colocar los brazos en jarro con sus manos hincadas sobre la cadera. Sus esbeltas figuras son reforzadas por una puesta en escena donde el color negro participa no sólo del nivel de la denotación, sino que se trasluce en las almas de los personajes.

     
         
  ANNEMARIE HEINRICH/ ETERNO RESPLANDOR      
 

Una lente con recuerdos.

     
 

Estas dos bellezas argentinas cuyos atributos reclaman constante admiración, encontraron en la lente de Annemarie Heinrich un espacio de pertenencia que las ha eternizado. Las estrellas del mundo del espectáculo y, sobre todo de la industria del cine, realizaban con ella sesiones fotográficas para tapas de revistas o para promocionar sus películas. El imaginario ficcional del cine argentino de las décadas de Oro se ve reforzado por ese legado fundamental que son las fotos de los actores y actrices que la artista alemana retrató. Supo focalizar aquellos mínimos gestos que los fundían en una dimensión mítica. Mediante sombras y reflejos logró depurar un lenguaje visual único en Argentina, inseparable de la historia de los medios masivos y en especial del cine.

Populares pero inaccesibles, despiadadas y vulnerables a la vez, nuestras malas se construyen también a través de la lente de Annemarie que las eleva, las inmortaliza.

     
         
 

Instalaciones en el espacio.

     
  ANALÍA SALAZAR: La instalación puede considerarse una delicada masa compacta que presenta un bouquet de flores. La perspectiva cenital habilita la visión del estallido del color delimitando un adentro y un afuera del ramo. Una idea de pasión descontrolada se intuye en los distintos matices de las telas rojas. El arte de una diva se viste de carmín y bermellón con este obsequio - ofrenda para calmar sus caprichos.

VERÓNICA ROMANO: En su delicadeza, la obra de Romano aprovecha la materialidad del vidrio para desnudar la vulnerabilidad de estas mujeres acorazadas, a la defensiva. La belleza de los pétalos esperan la caricia o el ataque del ave como tentáculos exquisitos desparramados en el suelo.

ELEONORA MOLINA: En un gesto violento, la artista arroja el empapelado de una pared al piso y trastoca un orden ficcional. En esa escena se corrompen la frivolidad y la fineza de un salón. Los caireles arrojados son remanentes de un entramado melodramático, pruebas de un final trágico.

PABLO RAMÍREZ: El diseñador concibe dos piezas que resumen, como sólo él puede hacerlo en Buenos Aires, la elegancia y el glamour de los años ’50. En sus diseños se condensan la vanidad de los movimientos, la energía nocturna, la delgada prestancia de dos actrices que dominaron las escenas públicas y privadas con su sola presencia. Los maniquíes, que en toda ocasión materializan un vacío, están atravesados por el rasgo fundamental que las identifica a cada una: su profunda mirada.