Sebastiano Mauri
Hasta el 16 de Septiembre
 
     

Sebastiano Mauri en Braga Menéndez Arte Contemporáneo

“Tiene lo que yo quiero que una obra tenga. Es profunda, poética, humana, necesaria”
(Sebastiano, respecto de la obra de Brooke Alfaro)
En Madrid, febrero 2006.

El problema de la identidad atraviesa toda la obra de Sebastiano Mauri (Milán, 1972).  Un individuo puede soportar varios adjetivos simultáneamente, y ninguno de estos lo define como persona en forma absoluta. Mauri nos hace pensar sobre prejuicios que nos afectan, de forma casi automática y nos limitan (peligrosamente) en nuestra manera de relacionarnos, desde su práctica artística  y a partir de  los diferentes soportes en los cuales trabaja: pintura, fotografía y video.
           
En su pintura de algunos años a esta parte, encontramos, sobre una superficie monocroma y totalmente plana, rostros librados de todo contexto circunstancial, sin siquiera un peinado o atuendo que permita adivinarlos, o, en sus términos, “etiquetarlos”, el artista pretende que el espectador se relacione con estos “rostros puros” a un nivel exclusivamente humano, presocial. Se nos impone la pregunta de si esto es posible. Así como la  pretensión de objetividad es una utopía, quizá también lo sea la imposibilidad de conocer, de saber del otro, a través de datos externos, aunque debamos admitir que puede existir un delicado límite entre lo que podríamos denominar “conocimiento sobre el otro” y “prejuicio”. Sin duda es sobre esto último sobre lo que Mauri intenta llamar la atención. Él mismo afirma que estas pinturas son lo opuesto a los retratos, en los cuales el escenario donde se ubica al retratado en la obra es la forma de sopesar su estatus.
                       
Con un tratamiento y un enfoque estético distinto, la identidad es retomada en The song I love to en relación a los estereotipos y lugares comunes sobre el amor que tenemos incorporados, como así también confirma, o sorprende en la ruptura, nuestros preconceptos y creencias sobre lo que es el amor para cada edad, sociedad o grupo social, etnia, género. Mirar durante un minuto a cámara y elegir el tema de amor favorito fue la consigna recibida por cada uno de los más de 90 protagonistas de este video. Mauri filmó a distintas personas, generalmente elegidas por las calles de New York, Milán y Buenos Aires, en escenarios de fondo aparentemente fortuitos, pero en los cuales en realidad nada fue librado al azar y sobre las cuales luego editó el tema de amor que cada uno había elegido, su canción de amor favorita.

Esta obra, sobre una idea aparentemente tan simple, genera una intimidad muy fuerte entre el espectador y cada personaje; contándonos mucho sobre cada uno de ellos, acercándonos microscópicamente, casi a la subjetiva del protagonista frontal, con la puntual información y los pequeños elementos que nos brinda durante 30 segundos de organizadas coordenadas. Entonces, no son los indicadores de posición social del retrato decimonónico los que nos ponen al tanto del status del personaje; sino que el artista desnuda de forma insospechada, a cada “retratado” tan solo con su imagen y esa canción elegida, y al decir “desnuda”, obviamente, nos referimos a algo que va mucho más allá de lo físicamente evidente. Y es que el hecho de que todos tengamos una canción de amor propia es algo que podemos sospechar pero que nunca materializamos en la representación, que cuando se hace cargo de presentarnos sujetos del común,  gente cualquiera, intrascendentes, funciona como neutralizadora de todo tipo de intimidad valorativa. Quizás porque tener conciencia de que el amor y el dolor son masivos puede llegar a matarnos. Definitivamente los medios atenúan la angustia de pérdida ante las cifras de victimas que el mundo produce por segundo. En ese sentido es que el micro ampliado del dolor local es enloquecedor. Y Mauri pone el micrófono donde el corazón late, no donde dejó de latir, y la locura del ruido es sinfonía y esperanza. Probablemente por eso su obra sea tan claramente productiva en términos sociales, en términos políticos. Lo cual se confirma en la forma de reproducción que el artista previó para su material: cantidad infinita de copias, voluntad infinita de reproducción, utopía de circulación del discurso amoroso.
           
Y casi como una síntesis de todo lo anterior (pero no solamente), en la instalación Shadow of Doubt, Mauri proyecta sobre dos de sus pinturas de rostros, tomas de primeros planos, una sobre cada rostro, que se van fundiendo uno tras otro. Así, mientras los rasgos de la pintura permanecen constantes, se le superponen los personajes filmados fuera de foco, de modo que modifican “el contorno”, es decir, peinados, forma de cara, color de piel, edad. Todos los niveles de lectura antes mencionados confluyen y se tocan en esta obra, pero no dejamos de sentir que hay un plus. Como si los recursos de las obras anteriores utilizados en ésta se hubieran potenciado y estallado, convirtiéndose en un nuevo todo, con una actitud distinta, irreverente, no tan contenida; que continúa llamando la atención sobre valores a defender, productiva social y políticamente; pero que a la vez se torna inquietante. Ese dibujo superpuesto al rostro filmado convierte cada rostro en una máscara grotesca y a la vez amenazadora en un punto difícil de identificar. Y es que esa amenaza se relaciona con el sentimiento de “lo siniestro” que se nos presenta al sentir la duda sobre la humanidad de algo/alguien. Si en el video anterior de Mauri, Faded, la duda se instalaba en el límite entre lo humano y lo animal, en Shadow of Doubt la duda tiene más que ver con el límite entre lo humano y la máscara. Una máscara algo temible, pero también ridiculizante. Y arriesgamos que, bajo el velo ridiculizante, se pueden intuir dolores profundos, que como casi todos los dolores profundos, tienen que ver con el amor.

Profundamente poética y comprometida con un enaltecimiento de la esencia humana más allá de todo prejuicio, la obra de Sebastiano Mauri se nos presenta como una invitación a reflexionar estéticamente sobre la propia naturaleza.
                                                                                             
                                                                                              Gabriela Galati
gaby@galeriabm.com
                                                                                             Junio 2006