Pablo Lozano
nov 2003 - dic 2003
BMS Darwin
por Daniel Molina
Hay algo entre la materia plena de un objeto y su desaparición total, entre la representación y la abstracción, entre el sueño y la vigilia, entre la imagen y el recuerdo de esa imagen. Lo que hay entre uno y otro momento es eso: un "entre", una titilación, una imagen que se borra, pero que todavía permanece allí, contundente. Y eso es lo que pinta Pablo Lozano. Es necesario verlo, porque es pintura en estado puro. Todo lo que se diga de ella siempre la excede --como una flecha que no da en el blanco, sino en el árbol que está más atrás-- y además nunca llega a decir todo.
Lo primero que se ve en los cuadros de Pablo Lozano es que son esencialmente perversos. Y eso sucede en todos sus cuadros, tanto en los que presenta en esta muestra como en los que mostró en otras oportunidades (aunque el proceso se va acelerando, creciendo en intensidad). En primer lugar está la más ostensible y, a la vez, menos interesante de las perversiones, la que se manifiesta en sus elecciones de objeto: sillones de dentista, juegos infantiles, cámaras de video-vigilancia, estanterías vacías, cosas que están entre lo lúdico y lo sádico. Pero lo verdaderamente perverso, es que no pinta los objetos para representarlos sino para desmaterializarlos. Las imágenes están ahí para diluirse, las figuras para abstraerse.
No se debe confundir esta pintura con una búsqueda de abstracción o un camino hacia la abstracción (como quien quiere llegar a una meta, a un lugar en el que descansar). Lozano pinta el instante en que el objeto se imagina desaparecido. Como haría una teología negativa (la del budismo, por ejemplo) ese proceso sólo se puede definir por lo que no es: ni la representación del sueño ni la de la vigilia, ni la contundencia del volumen ni la plenitud de la tela, ni el jolgorio literario de un tema comprometido con el discurso de la crítica --la ilustración moderna-- ni la aridez blanca sobre el blanco de la nada de la abstracción entendida como religión de la forma. Pintura de goce y misterio. Entre el placer y el dolor. Entre la metáfora y el silencio. Una chispa de la nada en la que todavía resuena el eco de una plenitud que nunca estuvo.
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LA BELLEZA CONTROLADA
por Mariano Lastiri
(Suplemento Artes, Diario Ambito Financiero, lunes 22 de diciembre del 2003)
Pablo Lozano tiene su trayectoria como pintor. Estudió en la escuela Lola Mora, en los talleres de Pablo Suárez, Ahuva Szlimowicz y Tulio de Sagastizábal, se formó en la sabiduría de Gumier Maier y participó de numerosas exposiciones individuales y colectivas. A sus 27 años, su obra figura en importantes colecciones latinoamericanas.Descubierto por Eva Grinstein en 1997, Lozano desarrolló una «metafísica pop» que interesó a Juan Manuel Bonet, director del Museo Reina Sofía de Madrid. A partir de mañana y hasta febrero, cuando partirá con sus obras a ARCO, la galería Braga Menéndez Schuster exhibirá sus trabajos más recientes.
Como en toda su producción, se evidencia en la obra el interés por la forma y el color, herramientas formales de la pintura milenaria que Lozano maneja con pericia.
Sobre este costado artesanal de su trabajo dice en una entrevista con Gustavo Mandará: «Tomo los objetos de un catálogo o los fotografío. Después, los proyecto a la tela, restándole, algunas veces, ciertos elementos de la foto. Siempre modifico el color. Es una especie de hiperrealismo, con un toque bastante más pop».
Según Victoria Noorthoorn, este diálogo entre la geometría y la precisión del dibujo por un lado y el color por el otro genera una imagen «cuya controlada belleza remite a la estética pulcra del mundo digital».
El artista elige un objeto que le gusta, pero exclusivamente «por motivos estéticos, nunca por significación», como cámaras de seguridad y un juguete que parece un arbusto con flores, que con distintas variantes inspiran los trabajos de su nueva exposición. Pero su obra no trata sobre cámaras y juguetes, sino sobre determinada sensación subjetiva frente a esos objetos que el artista traduce a su lenguaje. Es, en otras palabras, el indispensable costado lúdico del arte, que se desarrolla manipulando y transformando esos objetos, en este caso por medio del color y el dibujo. El interés está reforzado por la ausencia de títulos en todos sus trabajos; Lozano evita dirigir la atención en un sentido específico.
Todo esto no implica, claro está, que estas obras no tengan significado alguno. Eso es claramente imposible. Lo que sí es posible es que no tengan un único significado.
Algunas pistas que están presentes en las características formales: lo primero es que hay dos tipos de composiciones diferentes, dos formas de producción en el plano, dos tipos de obra. En uno predominan los grandes planos y las líneas rectas, en el otro, las curvas y los planos pequeños. Es decir, un grupo es más rígido y estático y otro más dinámico, y ambos coinciden con el de las cámaras y el de las flores, respectivamente. Las cámaras de video y las flores de juguete implican un modelo de mirada diferente: tomas hechas a una cierta distancia para las cámaras y tomas hechas desde muy cerca para el juguete.
La rigidez distante de la vigilancia versus la intimidad y la flexibilidad del juego. Las flores están pintadas como desde dentro de ellas, desde su encastre y esto impide hacer foco claro sobre todas sus partes; en cambio, la imagen de las cámaras es puro foco, objetiva. Estas coordenadas permiten una primera aproximación a las pinturas de Pablo Lozano desde una perspectiva de dicotomías, condición que no es ajena a la propia obra, en donde los pares de categorías color/forma, figuración/abstracción juegan un papel básico en la construcción del mundo que el artista nos propone.
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Pablo Lozano, síntesis de currículum
Buenos Aires 1976
Estudió con Pablo Suárez, Ahuva Szlimowicz y Tulio de Sagastizábal
Ha exhibido su obra en el Palais de Glace, en la Fundación Klemm, en el Museo Castagnino de Rosario, en el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca, en la Galería Blanca, en el Centro Cultural Recoleta y en el Espacio Giesso entre otros.
Ha obtenido menciones en la Bienal Nacional de Bahía Blanca, en el Premio Fortabat y en el Premio Banco Provincia de Pintura, y el Subsidio a la Creación Artística de la Fundación Antorchas.
Su pintura intenta sacar de contexto al objeto del modelo, desprovisto de su función habitual, el objeto representado evoca la misteriosidad de todas las cosas. Emparentado con la herencia geométrica de los surrealistas argentinos, sus objetos flotan en una hiperplanimetría forzada como si el acto de aplastamiento rompiera imperceptiblemente su estructura. El elemento siniestro de este quiebre se disimula en la euforia de un cuidadosísimo color pop congelado. Desde estrategias pretendidamente frívolas, bellos y agradables, sus muebles inútiles tornan metafísica la lectura más elemental de cualquier plano que el cuadro imponga.
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Textos de autor sobre la obra de Pablo Lozano
1) ¨Francone - Lozano ¨. Centro Cultural Recoleta (2000)
Curador: Jorge Gumier Maier
Prólogo: Adriana Lauría
Pablo Lozano hace de las estanterías metálicas fabricadas industrialmente, listas para armar, el motivo básico de esta serie de pinturas. Estantes y rieles importan no sólo como referentes, en tanto planos y líneas. El punto de vista, generalmente infrecuente, define perspectivas y escorzos, algunos de los cuales son alterados mediante intervenciones arbitrarias, que trastornan la lógica ubicación de los elementos. A través de las estanterías, Lozano parece retomar los principios del minimalismo: objetos modulares, de formas netas y elementales, de superficies despojadas, donde los recursos tecnológicos puestos en juego para su realización constituyen parte de sus deseables cualidades visibles.
Pero inmediatamente la operación se complica, suscitando relaciones inesperadas.
Estos objetos utilitarios son alejados de su función mediante un proceso de trabajo en el cual se incluyen la toma fotográfica, su proyección sobre la tela, y, finalmente, una definición lineal. Esta superposición de procedimientos parece parafrasear la mediatización característica de la experiencia cotidiana contemporánea, así como el imperio de lo múltiple e infinitamente reproducido. Por otro lado, las alteraciones de la representación los sumergen en la inquietante ambigüedad de relaciones inestables. Estantes volados o que no alcanzan a ensamblarse, rieles que no soportan, estructuras que se tuercen, son algunos de los recursos que provocan el desvío de lo que parecía haber sido concebido para contribuir al orden y a su sostenimiento.
Acorde con el universo al que están destinadas, las estanterías metálicas tienen un repertorio cromático limitado: blanco, negro, gris, ocre y marrón, constituyen la práctica y sufrida gama disponible que se adapta a cualquier tipo de almacenaje. Lozano insiste en alejar el objeto de sus dominios habituales para convertirlo en motivo pictórico acudiendo a una variada y brillante combinación de colores, así como a abstractas ubicaciones espaciales.
A la hora de apilar, guardar, acumular, ordenar o cobijar, ya sea gente y/o cosas, Lozano prefiere el vacío, un vacío que permita, quizás darle el lugar al sueño y a la poesía construyendo refugios perceptivos que inciten a ocuparlos con raras fantasías o silenciosas meditaciones. Algo que parece hacer falta en medio de tanta estridencia y enajenación.
2) "Lozano - Di Paola - Sábato - Palmeiro", Fundación Federico Klemm (2001)
Curador: Jorge López Anaya
Prólogo: Jorge López Anaya
"Pinto camillas odontológicas tomadas de fotografías enfocadas de distintos ángulos, saco el objeto de contexto, a un objeto que inspira temor lo convierto en un objeto de confort. Las camillas de mis cuadros parecen sillones de living o de jardín de infantes. Mis pinturas no tienen titulo, eludo el contenido. Trato de disfrutar con la pintura.
Los cuatro artistas reunidos en esta muestra tienen en común la pertenecia a una generación emergente para la que es norma la pluralidad de formas, materiales y temáticas, si algo los une es el apego a lo sencillo y cotidiano, no es extraño encontrar en sus obras imágenes fascinadas por lo elemental, e incluso por lo vulgar.
Las camillas odontológicas de Pablo Lozano convertidas en placenteros sillones. La actual beatificación de la tecnología es totalmente extraña a sus intereses. También esta lejos de su búsqueda la tradición conceptualista, tan perdurable en el arte argentino. Su obra es fundamentalmente visual, pero no necesariamente ajena a ciertas criticas de orden político y social. Aun la intencional ausencia de contenidos es una actitud política
3) "A todo color" Lozano - Di Paola. Espacio Filo (1998)
Director: Alvaro Castagnino
Prólogo: Eva Grinstein
¿Cual es la función que le cabe a una representación que no es concebida para representar? Ese es el primer dilema que enfrentan las obras de Pablo Lozano y Martín di Paola, dos artistas que plantean sus problemas a modo de excusa. Plasmadas mediante el uso una figuración en gran medida deforme y delirante. Sus obras difieren en las referencias pero coinciden en un punto. Son imágenes que nacen para ser color , para imponerse a todo color, no resulta fundamental, el hecho de que , en Lozano la figuras remitan a estructuras lúdicas infantiles. Se reduce a puro dato, la aparición de robots y computadoras en los paisajes geometrizados de Di Paola. Lo que en sus pinturas prevalece es el placer del trabajo con los colores, el juego de la combinación, la oposición, el encuentro provocado por la materia sobre el plano.
Estos artistas desean cumplir el mandato de los maestros del concretismo: la pintura se hace con elementos propios de la pintura, el color y la forma no recrean un mundo exterior sino que actúan por y para el plano bidimensional en el que se realizan. Medio siglo después Lozano Y Di Paola retoman –inventando engañosas construcciones que se niegan a dar cuenta de la realidad- la cruzada contra la representación que desafío al circuito de la plástica argentina en la década del cuarenta. Pero parta resucitar hoy aquella apuesta sin que resulte obsoleta trillada se precisa sin dudas un anclaje en el presente, una actualización.
"La traición" FIGURATIVA es , de todos modos, ambigua: las perspectivas parecen falseadas. El punto de partida puede haber sido un tobogán o un edificio pero la poderosa acción del color hace que las formas dejen de ser símbolos para ser radiantes en su carácter de solo formas.
También en este aspecto Lozano y Di Paola heredan a los concretos y también aquí ostentan un atajo personal: el color plano y pleno que" se come" los temas de estos jóvenes no puede ser el msimo0 del que Maldonado, Hlito o Loza tomaron de la vanguardia europea. El despliegue cromático de Pablo Lozano recibe la influencia de la televisión, el de Martín Di Paola plantea reminiscencias de los video juegos. Se trata en ambos casos, de un recurso signado por la pantalla. Saturado, vibrante, incontaminado, este color precisa para funcionar, un acabado perfecto.
4) ¨Pablo Lozano, obras 1999 - 2002¨ (2003)
Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca
Curadora: Elena Pertusio
Prólogo: Florencia Braga Menéndez (1999, para galería Blanca)
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