“AAAAAAAA”
Musicalización: Marcelo Fabián
Presenta una serie de pinturas realizadas en pintura sintética sobre madera donde conviven, en un mundo de energía gestual, extraños personajes y estructuras geometrizadas en interacción psicodélica.
Las distintas formas que adquieren su concreción en el espacio perceptivo desde donde parte, se encuentran sublimadas y metabolizadas en obras que se imponen visualmente como “sueños que alucinan su percepción”, ante un vacío, que en realidad es la contracara de lo agregado, saturado de la cultura densa. Estos objetos creados, primitivos de la mente, se definen nítidos y autónomos en un espacio de ojos cerrados. Su solidez es irreal pero nos permite creer y hacer el viaje: ese tránsito por el espacio de lo visual.
La propuesta intenta moverse entre los extremos sensoriales de la figuración; el objeto y el espacio. Este objeto a veces está detenido, otras se desplaza emerge, está y permanece. Estos cuerpos que solo son en sí mismos tal vez solo están revelando el vacío como una posibilidad. La búsqueda utópica es seguir transitando por ciertos espacios como objetos solitarios que en un rito creativo exorcizan la realidad; estos artefactos en su dimensión ambigua nos reubican en un mundo de valores espaciales donde los conflictos ya no nos pertenecen.
Las imágenes vibran entre colores saturados, iridiscentes y transparentes.
Me reuní con Di Paola en su taller, y charlamos sobre los años que no figuran en las biografías de los artistas. Algunos curriculums puntillosos no los omiten, ponen por ejemplo: trabajo de campo.
¿Qué habrá sido de esos años?
En determinado momento Di Paola sabe que va a… que quiere… que necesitaexponer pero no sabe bien qué será.
Se lo comenta a su galerista.
Luego, en la galería, sucede esto: La galerista- chamán invita al artista a acostarse en el piso, pone un vaso con agua a su lado y comienza a caminar alrededor suyo sin cesar hablándole, preguntándole, llevándolo. Luego lo deja. Se va de la galería.
El artista queda solo, se levanta y se pone a dibujar. Ahí nace esta muestra.
Bienvenidos al maravilloso mundo que Martín Di Paola ha explorado y volvió para pintarlo.
El artista explorador busca entre marañas de dicha brillante y unicidad ilimitada el indicio de una superficie que divida sustancias, una duda real en toda esa felicidad ingrávida.
Nos muestra situaciones en que parece que se cristalizaran hechos fácticos en la forma de entes vectorizados en mutuas aniquilaciones con el entorno de infinitas posibilidades. La pregunta metódica contra el gozo empalagoso.
En ese espacio y momento de acción y belleza perfectas el artista pone la atención en construcciones donde el error pueda alojarse. Como si buscara en el centro de la explosión un punto de quietud.
Porque el artista no ploteó los diseños generados y listo.
Porque convive la acción grupal de mover la superficie a pintar mientras se vierten en ella colores, con el intimismo que el tedioso trabajo del más obsesivo pintor geométrico deja entrever…
Porque en ambos casos no usó los materiales esperados sino pintura para autos. Porque le interesa que sus cuadros huelan.
Porque pareciera que allí alguien se vistió de colores para ocultar su pena. Porque los cuadros son pintados sobre madera, y de la pesada.
Porque incluso decidió pintarlos.
Pareciera que estos porqués definieran por sí solos el concepto del trabajo de Di Paola.
Cuando a primera vista parece ser una seductora invitación a un viaje sensorial, esta muestra de Martín Di Paola es una declaración de principios.
Ernesto Ballesteros
Inauguraron muestra de Martín Di Paola, artista de los 90 que busca su espacio "de culto"
Edición Impresa del 21/09/2008
Las imágenes, con la fuerza de un estallido
Por: Ana Martínez Quijano

Las visiones cósmicas de Di Paola tienen una artificialidad que pareciera guardar relación con el universo cibernético.
Entre las numerosas
exhibiciones que en estos días se presentan en el escenario porteño, la galería Braga Menéndez expone los paisajes abstractos de Martín Di Paola, artista que comenzó su carrera a fines de la década del 90 con una estética cercana a la del grupo que surgió del Centro Cultural Rojas.
Di Paola
mantiene las afinidades de estilo con los artistas que acompañaban al curador Jorge Gumier Maier , pero su figura siempre distante se ha rodeado de un halo de misterio y sus pares lo consideran un artista de culto, dato que confirma el texto que le dedica su par, Ernesto Ballesteros, que advierte «la belleza perfecta» de los cuadros y concluye con un reconocimiento a la ética del artista.
«Cuando a primera vista parece ser una seductora invitación a un viaje sensorial, esta muestra es un declaración de principios»
señala Ballesteros, marcando la relación estrecha entre la estética y la ética.
Lo primero que llama la atención en la exposición, es el alto grado de eficacia visual, la fuerza de choque de la pintura. Con colores saturados y fragmentos de volúmenes geométricos que se desplazan como brillantes rocas por la superficie del cuadro, el artista configura imágenes que tienen la fuerza de un estallido. El espacio que habitan estas estructuras no es un vacío pasivo ni un «fondo» anodino, es, por el contrario, una marea donde la pintura configura unos dibujos extraños y azarosos.
La otra cuestión para destacar en los paisajes mentales de
Di Paola
(además de los ritmos, las tensiones, el color rosado de un horizonte que parece fluorescente, las formas piramidales y todo un mundo que se disgrega), es la condición actual que exhiben las obras, arraigadas a los tiempos que corren. Las visiones cósmicas tienen una artificialidad que pareciera guardar relación con el universo cibernético. Pero el artista no utiliza la tecnología.
El material que sí utiliza Di Paola,es una pintura cuya base es la nitrocelulosa y que aplica sobre gruesas maderas que ofician de soporte. Se trata de la pintura empleada por la industria automovilística, que le permite crear efectos especiales al derramar diversos colores sobre la superficie del cuadro. Los «accidentes controlados» de la materia, parecieran avenirse a representar formas que se perciben como un torbellino.
El artista reconoce la influencia decisiva del maestro Roberto Aizenberg,presente en varias evocaciones del color, y también reconoce el aire de familia que lo emparienta con las geometrías de
Magdalena Jitrik.
En suma, se trata de una muestra que está casi oculta en el piso superior de la galería, pero que bien vale la pena descubrir. |