La Sonámbula
Alexa Horochowski

La búsqueda de Soren Kierkegaard entorno a la verdad subjetiva es un marco apropiado para introducir la fantástica práctica narrativa de Alexa Horochowski. Donde Kierkegaard repetidamente citó al poeta romántico danés Adam Oelhlenschlager y al autor Poul Moller en sus trabajos filosóficos, para basar el discurso existencial en verdades emocionales, Horochowski muestra una pasión introspectiva. Su vocabulario visual gráfico manifestando la poderosa travesura de niñas prepúberes, flirtea con ambos, lo subjetivo y lo universal, como oblicuos y líricos epigramas e instructivas fábulas moralistas.

En el “In The Concluding Unscientific Postscript” (1846) Kierkegaard cuenta un cuento de un lunático escapado que intenta eludir las autoridades y evitar ser recapturado hablando sólo a través de hechos y verdades objetivas. Pero comunicándose de esta manera terminó aterrizando de nuevo en el asilo luego de ser interrogado porque él no podía discriminar cuando los hechos tenían valor. Al contrario Horochowski, emplea escasamente la especificidad de los hechos y representaciones en los quiméricos mundos que ella inventa. Sus composiciones están gráficamente divididas, revelando precisos detalles como para cuidadosamente dirigir la atención al centro de la narrativa. Este estilo refinado de cuentacuentos celebra la tensión entre lo que es literal en sus escenas y lo que es abstracto y ambiguo.

Tomemos por ejemplo “Night” (2005). Aquí dos escarabajos negros y una niña fantasma desnuda están delineados y modelados con una seductora y gráfica realidad. Pero el bosquecito de árboles sin hojas y las sombras que proyecta en la base de pasto, están tratados como un motivo estilizado y chato. En contraste con estos elementos paisajísticos existe un cielo nocturno luminoso y pictóricamente suelto punteado de estrellas. Esta es una historia de deseo y curiosidad, con clásicas acentuaciones.
La conciencia humana autoreflexiva  coexistiendo con los hábitos instintivos del mundo natural, la bondad de la luz y el pecado de lo oscuro, el conocimiento de la razón y el desconocimiento de la emoción, estas dicotomías apuntan a fábulas universales que permean todas las obras de Horochowski. Sin embargo uno nunca puede identificar con confianza una cita pictórica o literaria en sus pinturas enigmáticas. Una excepción es “The Swing” (2005), donde la pintura rococó de Fragonard del mismo título es retomada por Horochowski y resignificada en las ramas brutales de un roble seco. Por otra parte ella sólo insinúa estos mitos clásicos, cuentos folklóricos medievales, y narrativas bíblicas.

El riguroso estilo grafico de Horochowski emplea una línea concisa, certeros patterns y una diversidad limitada de color para establecer  un modo ilustrativo de cuentacuentos pictórico. Sus figuras se conducen con facilidad en su naturaleza ficcional, pero los ojos de sus personajes revelan una psicología de ensimismamiento contemplativo. Actuando roles eternos, estas figuras diligentemente se inclinan hacia la esencia y la historia del cuentista. Dando al público algo más grande que auto expresión artística o la emoción abyecta de sus personajes, ella nos introduce en cuentos cautelosos sobre nuestras propias complejidades psicológicas y el potencial de nuestra imaginación.

La práctica de Horochowski está estructurada alrededor de la libertad de evaluación de la interpretación moral derivada de la poética de su lenguaje visual. Es una práctica que bravamente toca a nuestra cultura contemporánea de narrativa definida por la repetición de historias de ganadores y perdedores (American Idol, The Apprentice, la Administración Bush) o por el idiosincrático interesarse mediático (David Foster Wallace, David Altmejd, Robyn O’Neil). Desgraciadamente, estas estructuras narrativas reductivas han permeado tod aspecto de la vida actual. Horochowski sin embargo complica el tema espinoso del amor, el deseo, el miedo y la esperanza. Sus niñas prepúberes tiene frescura y mancha, tienen gracia y desazón. Ellas contienen todos lo desgraciado y benévolo que constituye la condición humana. Ellas no son ni buenas ni malas.

El tema en arte contemporáneo se ha puesto problemático. El crítico neoyorquino Scott Rothkopf, en un ensayo para Artforum (May 2004) titulado “Subject Matters,” señala como el tema idiosincrático—o más específicamente los intereses personales del artista— ha devenido el contexto en el cual dimensionar el valor de crear arte. “Muchos artistas americanos,” escribe, “están marcando parcelas privadas del paisaje cultural, eligiendo material que es suficientemente personal para llamarlo suyo pero suficientemente accesible para hablarlo con otros.” El problema en este escenario es que “el interés” ya no es determinado por el público. Para la historiadora Mary LeClere, “Este parece ser el nudo del problema: si el sentido se oblitera—si, es decir, si el trabajo es “interesante”—nos arriesgamos a quedar sin prácticas de arte específicas entre las cuales discernir.” Su ensayo “From Specific Objects to Specific Subjects: Is there (Still) Interest in Pluralism?” continúa con este desafío: “Pues, si la única cosa que define una obra de otra es si demuestra interés en películas slasher o juegos de video, dónde nos deja esto?”

Los cuentos de Horochowski todavía ubican el interés directamente en los ojos del público. Vemos sus figuras pensativas a través de una lente psicológica e histórica que pone en foco sentido, instrucción moral y diversión. Horochowski, como Esopo y los hermanos Grimm, hila cuentos que iluminan las complicaciones éticas de la vida, una práctica humanística de la que el arte contemporánea carece.

Michelle Grabner*

*Michelle Grabner es curadora, artista y crítica  en EEU. Es Profesora en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago. Es codirectora del Project Space The Suburban. Actualmente esta desarrollando proyectos con el London Based Collaborative Bank y con Luc Tuymans. Es colaboradora permanente de las publicaciones Frieze, Tema Celeste, New Art Examiner y Artforum.

 

Papeles y Videos

Existe un presencia cinemática en los murales de Alexa Horochowski. Presencia cinemática en el sentido de una fantasmática de temporalidad, no en términos de un movimiento formal verificable, sino en relación a la connotación de lo que está sucediendo.

La tensión entre la impermanencia de la pintura de sus murales efímeros con su superficie lisa e inmóvil, se puede comparar a ese momento final en una película donde la imagen se esta por desvanecer a negro.

Las pinturas que Alexa Horochowski presenta en esta exhibición, arrastran la herencia retórica de esa historia contada en murales. Los papeles se montan en una estructura pasajera,  como esperando el espacio del marco material, que en un caso será un frame cuadrangular, y en otro caso, claramente, la mirada temporalísima que el mural acotado habilite. Algunas de estas piezas han sido boceto, story board, de murales que Horochowski ha desarrollado. En todo caso cualquiera de ellas es potencialmente un despliegue de escena inmaterial sobre la pared que Horochowski determinara.

 La narrativa que impulsa cada pintura no ofrece ni conclusiones fijas ni desenlaces alegres. En esta instalación Horochowski combina video y pintura para formar sus historias. A pesar de que los videos utilizan el desplazamiento de tiempo y movimiento típico del cine, en los videos este desplazamiento es repetitivo e indirectamente evocativo de la placidez de las pinturas.

En un ensayo sobre la exposición Vaqueras, 2002, el artista y crítico Frank Gaard compara los murales de Horochowski a los Westerns que dominaron la programación televisiva durante los 50’s: “Lo que veo en estas obras es una nostalgia y tristeza profunda por la niñez. Como si la niñez fuera un primer mundo, con distintas reglas, donde todos los caballos son hermosos y uno nunca muere no importa cuantas veces te dispare tu hermana.”

Christi Atkinson
Curadora y Critica
Walker Art Center

 

Del 13 de Marzo al 14 de Abril del 2007