(Buenos Aires, 1975) Maestro rural de arte, Di Paola pinta el vacío social de la época. La máquina solitaria perdida en galácticas y neoburocráticas funciones metaforiza íntimas insustancias. La persona reducida a capacidades de ejecución de actos, cuerpos obedientes sin temperatura local, zombis en el escenario en el que lo único que queda de vestigio de funciones orgánicas es el objeto fetiche del alimento. La galletita, melancólico objeto referencial del goce al que no hay retorno posible, la infancia. Ya en los '90 las pinturas "que feliz soy con mi galletitas favoritas" incorporaban al recorrido incómodo de sus arquitecturas vacías la mirada infantil, la vitalidad pop, como garantía de respiración. El color, la golosina, el deseo. El hálito prueba de vida.


Muestras:
BMS ESTUDIO ABIERTO/ ABASTO