Claudia Mazzucchelli nace en Buenos Aires en año 1964. Su formación plástica comienza a edad temprana, siendo sus maestros más importantes Kenneth Kemble, Luis Benedit y Roberto Aizemberg. Obtiene el Título Nacional de Bellas Artes en 1987. Desde entonces ha participado en diversas muestras colectivas e individuales tanto en Argentina como en USA y Europa, (MIART 2008, Milano, Italia, Eyestorm 2008, Londres, UK, Expansive Link, Texas, USA 2008, Braga Menéndez 2006, CC Barcelonesa, Barcelona, España 2003, Tres Paredes, 1997, Mazzucchelli- Jitrik- Burgos; Exhibición impúdica, 19996, CC Recoleta entre otros…)
Sus obras figuran en importantes colecciones argentinas, europeas y norteamericanas. Reside y Trabaja en España desde 1998.

Para llegar al taller de Claudia Mazzucchelli hay que pasar- y pasearse- bajo el domo del olímpico cielo de Palma de Mallorca: no sólo los barcos y la ciudad vieja, sino esa franja del mar, y las callejas torcidas y el penacho moroso de las palmeras nos sugieren que, griegas y criollitas, las “ninfas” de sus cuadros nacidas de una caracola con algo de ñoqui italiano, nos esperan con sus ojazos para atizarnos- y por supuesto, seducirnos- con desafío y hasta a veces insolencia, escrutarnos con cierta frialdad: son capaces, al mínimo descuido
(y están prontas) de darnos una cachetada amorosa, un palo en la nuca o llevarnos de la mano, remolonas, hasta las costas del mar.

Con aire romántico los personajes de Claudia (las robustas) vacilan entre la fragilidad y una fuerza de enormes mujeres que, según la ocasión, se hacen chiquitas, nenas o hembras: las pampas en llamas - el llano, donde sensual y desarrapada, corre la cautiva- arden en esos brazos y bocas.
Son Las Novias del Plata, y como a Elvira, la protagonista del poema de Echeverría, una “aureola celestial de virgen pura, el juvenil frescor y la hermosura” realzan sus encantos y devoran al pobre Lisandro, el novio, que “se gozó enardecido” como gozan los espectadores de estos cuadros: es que las chicas nos encantan, a pesar de la aureola equívoca de sus quedas posturas que pueden cobijar más de un tormento ( ¡OH, transido Lisandro, la fatalidad y sus huestes van a arrebatarte la amada!) ofreciéndonos su turbadora belleza con la nostálgica indiferencia que lo hacen las criaturas extrañas.
Dejemos los ojazos de las turbias, y miremos los detalles: verlas juntas, es ver las cariátides de panteón arrebatadas por una lujuriosa (pero sobria) colección de vestiditos que las repuja – saludables y plenas- contra la rivera de un riacho de carton- pâte: las pampas y sus malones acechan, pero ellas, como si estuviesen en un salón de té leyendo “The Happy Prince”, inclinan la cabeza soñadoras.

Su primor son los detalles: las Elviras con sus grandes manos, urden flores y juncos y nos hacen pensar que el detalle- un bordado, un tul, un cordón- son la clave del relato y la llave que aprieta las partes de una composición ajustada: el mundo que cuentan, no existe más (o lo olvidamos) pero las utópicas nos lo señalan con un dejo delicado y banal.

Dejar el taller de Claudia es dejar ese mundo a nuestras espaldas: volver a verlo en la galería de Florencia Braga Menéndez es como toparse con la fuente de Lola Mora frente al Río de la Plata: las “Nereidas” de Mazzucchelli alzan la caracola en tirabuzón contra el cielo argentino y nos presentan un menú suculento (“Criollita Sabrosa”) contra fondos,ornamentos y guiños que aluden al linaje de las vanguardias del siglo XX, y que ahora, agrupadas en esta colección de italo-criollas en suspensión metafísica (que no son otra cosa que alias de su autora) revienen con una ligereza me río-platense y nos hacen pensar en aquella anécdota de los años treinta, cuando Jean Cocteau le dijo a Picasso:

-A ver Pablito; si cruzás un Picasso con cuatro kilos de griegos y tres mil pintores del renacimiento italiano y lo mandás todo a la Argentina, ¿qué sale?
Picasso frunció el ceño, y dijo:
-Eh... ¿un Berni y un Mazzucchelli?
Cocteau abrió la boca: no sabía, ni podía saberlo, que en el Nuevo Mundo el futuro, atesoraba otros linajes.


Roberto Pazos
Bruselas ,2009.

(Buenos Aires, 1966. Reside y trabaja en Palma de Mallorca, España.) Discípula de Roberto Aizemberg y de la escuela del cubismo francés de André Lothe, formada en el academicismo más absoluto, la artista hace uso de heterogéneos recursos histórico pictóricos que dan por resultado un paneo de mirada femenina contemporánea sobre la fuerza política del muralismo mexicano y la vitalidad sexual del Pop. En cualquier caso, heredera de la praxis del pintor argentino de los tiempos industriales, de la factura elaborada y anacrónica del óleo postcezaniano y del dibujo spilimberguiano, revitaliza el paradigma.



Muestras:
Claudia Mazzuchelli 2009
Claudia Mazzucchelli 2006