Miguel Mitlag
Del 26 de Septiembre al 4 de Noviembre 2006
 
     

Nuevos Modelos

En esta nueva serie de obras, Mitlag continúa trabajando en la línea de fotografías anteriores, armando una puesta en escena con objetos y materiales a los cuales rara vez les prestaríamos atención si el artista no creara estas maravillosas configuraciones, donde las relaciones de forma, color y materia le dan un nuevo sentido y una insospechada carga estética a cada composición.

Composiciones, con un tinte de irrealidad que nos envuelven en una sensación de extrañamiento, y  en las cuales objetos de la vida cotidiana fueron sacados de contexto y reubicados para la toma. Una cortina de baño, cera chorreada de un color celeste- pileta, frazadas, sillas, armarios, cantidades de nylon abollado, más nylon de colores, todos estos elementos constitutivos de sus obras, tienen en común una fabricación industrial, están lejos de la naturaleza  y muy cerca de la producción a gran escala.

Como el “cordón” de falso granito que eligió poner contra una de las paredes de la sala, que parece haber caído de una de las fotos y recuerda la casi infinita capacidad de simulación en el dominio de las distintas materialidades.

En sus fotografías, Mitlag imprime la nítida intención de hacer evidente el artificio mismo que implica el dispositivo fotográfico, existe un recorte de la composición, del espacio, una intención de mantener al espectador en una posición contemplativa, mirando lo que el artista quiere, a través de su ojo. Esas imágenes compuestas con objetos comunes y corrientes, casi triviales, con poca importancia estética particular en sí mismos, parecen entrar en una nueva dimensión para la fruición a partir de esta puesta en escena para la foto. La mano del artista y su mirada a través de la cámara, como en una especie de guiño duchampiano, convierten objetos comunes en monumentos, en composiciones coloridas y sutiles.

Diferenciándose así de su trabajo en las instalaciones, obras pensadas para ser recorridas, con la intención de invitar a la participación, a la acción, que reflexionan sobre la sensualidad y las características de los materiales utilizados.

A Mitlag le interesa la forma de monumento, una base grande y pomposa que enaltezca algún objeto sin evidente sentido histórico, sin evidente valor político/social para la mayoría de los observadores.

Y es que ciertas cosas tienen  una importancia arbitraria, ficticia, generada casi por convención; entonces, por qué no hacerle un monumento a una guitarra, por qué no invitar a cualquier transeúnte o visitante a subir, por ejemplo,  a una plataforma stripper. Ese momento en que un pedazo de la realidad es recortado y destacado, no tiene por qué ser sólo de un prócer,  o de una estrella del strip tease, puede ser de cualquiera.
           
Para Mitlag en toda fotografía existe registro y puesta en escena en distintas proporciones, sólo es una cuestión de grado; y esto se ve en su obra. Existe puesta en escena y registro en sus fotografías, y también en sus instalaciones.
Y también existe una cuestión grado en el develar el dispositivo. El artificio queda al desnudo y se evidencian las dudas generadas acerca de la realidad/irrealidad en la representación.
Es así como en Nuevos Modelos entendemos de qué manera la puesta en escena total para cada imagen empuja el límite de la percepción de la fotografía como registro.

Gabriela Galati
gaby@galeriabm.com
Septiembre 2006


Miguel Mitlag

“Mi voluntad de morir esta aún viva y debía continuar viviendo”
J. Prevert.

_ ¿Porque lo hiciste?
_ No tenía otra salida
La Romana. Moravia.

La mirada del espectador que acentúa la noción de subjetividad es probablemente la mayor aventura de una obra terminada. Apearse en el camino o perderse en el trayecto son grandes posibilidades del artista, pero la única llegada posible es a la mirada del otro. No hay más fin que el que disponga este acto de comunión compartida, ni mejor interpretación que no provenga de las experiencias individuales. Aun así, y ya refiriéndonos a las obras de esta muestra, Miguel, o mejor dicho sus fotos, nos proporcionan continuas reverberancias que harán susceptible cualquier condición pasiva ubicándonos mas como protagonistas activos dentro de sus interiores que como contempladores serenos desde afuera. Atravesaremos ese umbral pulido como un espejo que es el soporte fotográfico, de manera similar a como lo hacen algunos de los objetos que vienen desde afuera del encuadre, para terminar posando en el centro de la escena. Estas inclusiones intempestivas traerán consecuencias extraordinarias e inevitables. Tomemos por caso algunos de los cuartos, el amarillo por ejemplo, el que lleva pegada sobre la pared plástica las fotos de los meteoritos surcando el espacio a punto de impactar en la tierra. ¿Que es esa masa arrugada, sólida y transparente arrojada en un rincón sino el mismo meteorito alojado en el cuarto? O aquella foto en que la mesa cubierta con un lienzo arrugado sostiene una bolsa azul de plástico, arrugada también y ligeramente inclinada, inclinación que se repite en el balde negro apoyado en el piso. Paralelas, diagonales, formas, se acentúan por proximidad y por diferencias de materiales y color. La verticalidad entre un par de parlantes apilados y una estantería blanca de madera se amplifica por el punto de encuentro de los planos de diferente color en los plásticos del fondo.
Pero todas estas consideraciones formales que se van agitando como ecos constantes, no serian más que meros ejercicios de forma sino fuera por el poder de las ideas que Miguel impone en manera de pequeñas narraciones. Entonces comienzan a aparecer lo que el artista llama nuevos modelos, desarrollando sus trabajos a partir de la adopción de un sistema de convención preexistente para determinar otra opción, otros modelos a los ya digeridos por hábito y disciplina. Así los elementos u objetos se reorganizan llegando a los cuartos todos con la misma temperatura. No hay jerarquías entre ellos y esto facilita que en cada foto, como un nuevo catalogo de posibilidades, se aleje lo standard y se incorporen otros rubros quizás mas hostiles y menos agradables, por lo cual la satisfacción de los sentidos no se vera complacida sino trastornada. El goteo celeste que preanuncia una catástrofe, o la mancha roja en el piso con sangre de un cráneo con forma de maraca, o una resma de servilletas desordenada, desequilibrada, arrinconada como psicótica en un cuarto vacío. O quizás las mas ambiguas e indefinibles, la antesala carcelaria con los cinturones dejados en la entrada, y el patíbulo, sala de suicidio o zona de escape que infiere una soga en movimiento congelado que cuelga por encima de un banco. Todas escenas a las que hago propias estas interpretaciones y donde cada uno hará la suya y correcta pero inducidas por señales, quizás inconscientes, del autor.
Extendiéndome en una última descripción no querría dejar de mencionar la ausencia de los techos por la decidida presencia de los pisos. Sí, todo esta por el piso, como una fuerte reivindicación de éste ante su desvalor instalado. Pero con gran paradoja, hasta las cosas tiradas, caídas, o arrojadas están apoyadas, insinuando en la misma ausencia el paso de lo humano o su latido invisible, como si alguien estuviese o hubiese pasado por ahí llevando registro de un acto cumplido.
Con plena conciencia de todo sistema circular, sistema cerrado y obsesivo, la paradoja se cumple tanto en los actos como en los dichos. En uno de los encuentros que tuvimos, Miguel me dijo con inusitada seguridad: ”Trabajo desde el frío, por eso las imágenes pueden resultar frías y distantes. Uno puede trabajar desde el calor pero lo mío no es tropical, es un frío sofocante”.  La descripción más hermosa de estas fotos dichas por el propio autor. Un frío sofocante.

Fabián Burgos
Buenos Aires, 23 de septiembre, 2006